La luz que ilumina mis días a través de tu sonrisa.
El ritmo de los latidos de mi corazón.
El agua salada de las lágrimas de mis ojos.
El roce cariñoso con mi piel, despertando mis sentidos.
La razón por la que canto canciones improvisadas.
El deseo de estar cerca de tí.
El insomnio inesperado cuando te echo de menos.

Te quiero, Eiko.


¿Por qué me da siempre la sensación de que llueve por fuera de mi ventana, y que las gotas bajan en un himno de soledad por el cristal? La sensación que toca una orquesta de violines melancólicos y tristes, melodías que no puedo escuchar entre las nubes. No sé, no tengo respuestas a todo en este mundo, sólo sé que quiero tenerte aquí conmigo, y que deje de llover por fuera de mi ventana, y que los violines ya no lloren más.

La pequeña sensación de que cada nota triste y solitaria también toca en mi corazón, de forma latente, y desesperada por notar los latidos del tuyo cerca del suyo. Cuando la tristeza invade de esta forma mi mente, me siento con ganas de estar entre tus brazos y que el estar en tu regazo, mirando tus ojos y notando el calor de tu cuerpo con el mío, quite todos estos sentimientos de tristeza y que se dejé de oír el himno de la soledad.

Eiko