Un relato sobre vampiros que escribí hace un momento sobre la marcha, a veces me vienen cosas a la mente que necesitan ser transcritas a algo palpable.

Gentilmente me sujetó en su cálido abrazo. Sus besos por mi mejilla, mis labios y los senos de mi cara hicieron que mi cuerpo gritara por más. Sus manos bajaron por mis curvas y soñé con que me siguiera tocando hasta el fin de los días. Sus manos congeladas eran muy suaves y me erizaba cada vez que rozaban con mi piel cálida.

-“Te quiero”- me susurró –“Te quiero más que cualquier cosa en este mundo”- exhaló las palabras al lado de mi oreja, razón por la que la sangre me coloreó toda la mejilla.
- “y yo a ti”- musité entre mis labios mientras él se acercaba para besarlos tiernamente.
Lo hizo con cuidado para no hacerme daño, ya que era difícil para personas cómo él. Pero a pesar de lo que era yo lo quería con locura. Mis manos se entrelazaron con los de él, y pasé mi calor a su gélido cuerpo.

-“Ya es casi la hora”- me dijo, pasado un tiempo, que para mí fue tan veloz como un simple segundo.
-“mmm”- respondí, aún pendiente de su cuerpo esbelto y sus manos que no cesaban de tocar el mío.
Noté un ligero temblor de placer proveniente de su cuerpo cuando posé mis labios en su cuello dejándole libre camino al mío. Si ya se debía de ir, me tocaba darle un regalo de despedida.

Una de sus manos frías quitaba mi pelo azabache largo, para dejar la piel de mi cuello al cubierto por completo. Temblé al sentir que su aliento helado se acercaba, y el perfume que emanaba de él me hizo sentir en el séptimo cielo.
Ya casi estaba rozando mi piel con sus labios cuando sentí cómo sus colmillos atravesaban mi suave piel en búsqueda de mi sangre.

El ruido de mi sangre siendo succionada, mientras estando en ese cálido abrazo me hizo olvidar el resto del mundo; hasta el bosque en el que estábamos, el tronco en el que nos habíamos posado y lo que ocurría a nuestro alrededor.

Mi amor levantó su cabeza mientras lamía las gotas de color carmesí que rodeaban su bella boca. Limpió mi cuello con su manga y se despidió con un beso lleno de pasión.
-“Hasta mañana, mi dulce amor”- Me sonrío, y desapareció entre las profundidades del bosque.

Yo no sabía si mañana iría a verle, ni ningún otro día. Ya que mi amor había tomado demasiado de mí y noté cómo los últimos instantes de vida se terminaban.

Gracias por leer, Eiko



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1 comentarios:

    Anónimo dijo...

    que bien, aunque sea muy triste me gusta este relato porque es uno de los pocos que refleja la verdadera historia de amor entre un vampiro y una humana. la muerte viene para todos.
    al menos este fin es muy romantico.

    (yo tambien quiero)
    kelly

  1. ... on lunes, febrero 02, 2009